Tabla pintada al óleo encargada por el gremio de los ballesteros de Lovaina para su capilla. Compone diez figuras a tamaño natural en un escenario superficial, casi de relieve, que concentra la emoción en gestos y rostros: la Virgen desmayada repite la postura del cuerpo de Cristo, unidad expresiva insuperable. Felipe II la trajo a España en el siglo XVI; hoy es uno de los iconos del Museo del Prado.